Me llamo Adriana Guastella y como Nutricionista experta en conducta alimentaria no vengo a decirte lo que tienes que comer.

Si buscas un menú milagro o cuanto gramos de arroz puedes comer, aquí no es.
Soy nutricionista porque durante años quise controlar mi cuerpo.
Me gustaría poder decirte que fue por algo menos superficial. Pero no fue así.
La verdad, tenía miedo a engordar.
Tenía 14 años cuando hice mi primera dieta.
Comía una manzana mientras mis amigas compartían patatas fritas.
Era la que iba a los cumples de sus amigas con un tupper de ensalada de atún.
La que después del cumpleaños planificaba salía a correr a primera hora de la mañana.
Hasta cuando era Navidad, y lo que había era gente volviendo de fiesta, yo estaba corriendo, cosa que ni me gustaba, solo "para compensar".
Fingía que no me importaba nada de esto.
Pero si me importaba.
De hecho, comía patatas fritas a escondidas.
Creí que, si estudiaba Nutrición, encontraría la fórmula para adelgazar y no volver a engordar.
No la encontré obviamente. Bueno ni yo ni nadie, porque no existe, al menos en el largo plazo.
Lo que sí encontré años después fue algo que cambio mi vida por completo y que estoy segura también puede cambiar la tuya.
Si estás cansada de hacer dietas y volver siempre al mismo punto, quédate porque te voy a contar un par de cosas que seguramente no has escuchado antes.
Probablemente seas experta en la perdida de peso.
Has hecho la dieta de moda muchas veces. Siempre parece ser la definitiva.
Los primeros días estás súper motivada. Visualizas el cambio. Te miras al espejo con ilusión.
Con suerte, pierdes unos kilos. Te sientes invencible. Esta vez parece que sí.
Hasta que pasa lo de siempre.
Empiezas a pensar en comida todo el día.
Fantaseas con tu día libre y "de perdidos al río".
Cada vez te cuesta más hacerlo "bien"
La ansiedad aumenta.
El descontrol también.
Y terminas con culpa, frustración y la sensación de empezar de cero cada lunes.
Sí. Perder peso «sabes».
Lo que no sabes —todavía— es comer de forma que te sirva sin ser estricta o perder el control. Porque el problema no es el peso ni es la comida.
Es lo que pasa en tu cabeza y en tu cuerpo que aún no entiendes.
Puedes bajar kilos… y seguir pensando en comida todo el día.
Puedes adelgazar… y seguir atrapada en el ciclo de atracón y compensación.
Puedes usar una talla menos… y vivir con miedo a engordar.
Y nada de eso es una relación sana con la comida.
Repararla va más allá de hacer otra dieta.
Implica entender tu hambre real, dejar de restringir y salir del ciclo de control y descontrol.
Cuando dejas de pelearte con la comida, comer deja de ser un problema constante.
Para que lo entiendas mejor, te voy a contar una historia.
Voy a hablarte de Sandra.
No es una historia inventada. Es 100% real. Y estoy casi segura de que tú y Sandra tenéis mucho en común.
Sandra arrastraba más de 10 años de pelea con la comida.
Había pasado por anorexia y por trastorno por atracón.
Su peso subía y bajaba constantemente.
Su autoestima dependía de lo que veía en la báscula.
Pensaba en comida todo el día.
Perdía el control.
Todo en su vida estaba contaminado por su conflicto con la comida. Su trabajo, su tiempo libre, su relación.
Tres meses después de empezar a trabajar juntas, Sandra estaba en un lugar muy diferente, liviano y en calma.
No fue magia. Fue hacer lo que nunca había hecho antes.
Si quieres saber 2 de las cosas que hicimos y que marcaron la diferencia en su caso —y que seguro te sirven a ti— deja tu email aquí abajo
